Durante generaciones que se remontan a la década de 1930, a lo largo de México, incluso en el estado de Guanajuato conocido como El Bajío, las ciudades se habían vaciado de sus jóvenes durante lo que se denominó el "blues del invierno". Los jóvenes salían hacia el norte en busca su propia versión del sueño americano: Trabajar.

En el norte de Texas y otros lugares, trabajaron en todo, desde jardinería a servicio en restaurantes, techos y la construcción de algunos de los edificios más emblemáticos de la zona. Ayudaron a construir el Aeropuerto Internacional D/FW, el Estadio de Texas y casi todos los rascacielos de Dallas.

Ya no más.

"Dallas fue el sueño de mi padre, no el mío", expresó Jairo Villalón, de 21 años, junto con sus amigos y hermanos Carlos Padilla, de 21 años, y Rigoberto Padilla, de 18 años, quienes dirigen un puesto de frutas entre San Miguel de Allende y Querétaro los fines de semana para ayudar a complementar un ingreso semanal en una de las plantas automotrices en crecimiento en la región. "Prefiero quedarme aquí y trabajar en México, creo que las cosas van mejorando".

Viajando por media docena de ciudades para preguntar a los lugareños si querían trabajar en Texas, la respuesta era a veces evasiva, pero con mayor énfasis en el: no.

Sus elecciones tendrán consecuencias de gran alcance para los EE. UU., particularmente en el norte de Texas, afirman expertos y economistas.

"Para muchas familias, la idea es que sus hijos e hijas jóvenes no sigan los pasos de sus tíos mayores, primos, abuelos que se han convertido en obreros permanentes", destacó Neil Foley, historiador y codirector del Centro Clements para Southwest Studies en SMU y autor de "Mexicanos en la creación de América". “En resumen, las implicaciones para industrias como la construcción obviamente no son buenas, la mano de obra barata a pedido de México nunca volverá a suceder como las cifras que llegaron antes del 2000".

La migración general a los Estados Unidos, liderada predominantemente por mexicanos, se encuentra en un mínimo histórico, desde un máximo de 1.6 millones en el año 2000 a menos de 400 mil el otoño pasado. En pocas palabras: más mexicanos se están yendo de Estados Unidos que llegando allí.

Los cambios demográficos, como las familias más pequeñas, además de los temores sobre la seguridad en la frontera norte, las políticas nativistas antiinmigrantes en los Estados Unidos y, quizás más que nada, la creciente economía mexicana, están manteniendo a muchos satisfechos de que México es donde pertenecen y aquí también hay un sentimiento raro muy extendido: la esperanza.

Gran parte de esa esperanza brota del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, quien marcó su centésimo día en el cargo este mes. Por ahora, los mexicanos se sienten muy bien con el presidente de su gente. Muchos creen que una verdadera transformación está en marcha; que se avecina un futuro más brillante, mencionan expertos como Carlos Bravo Regidor, profesor en el CIDE, el Centro de Investigación y Docencia en Economía en la Ciudad de México y comentarista de medios y columnista del periódico Reforma.

"Hoy en día, la mayoría de las personas tienen esperanza y eso es algo que no hemos visto en mucho tiempo", detalló Bravo Regidor. “La mayoría de los mexicanos creen en él y están dispuestos a darle una oportunidad a AMLO, pero existe un riesgo: las expectativas son tan altas y los problemas son tan grandes que, tarde o temprano, habrá decepciones. No tiene a dónde ir sino a la baja, la pregunta clave es: ¿qué puede traer su gobierno mientras tanto?

López Obrador, quien ganó las elecciones presidenciales de julio pasado con un histórico 53 por ciento de los votos, sigue siendo fuerte en las encuestas, con un índice de aprobación de alrededor del 80 por ciento, según varias publicaciones. El 73 por ciento de los encuestados cree que el país mejorará bajo su presidencia.

Luis Carlos Padilla rebana mangos y prepara elotes para la multitud de San Miguel de Allende con destino a la Ciudad de México en auto. Se rió cuando le preguntaron sobre la migración al norte.

"Le digo a mis amigos que el sueño americano ya no existe", afirmó. "¿Quién quiere ir a un país donde te tratan como a un criminal? Me gusta lo que AMLO está haciendo y lo que prometió hacer. Además, creo que a mi padre le dolería el corazón si quisiera hacer lo mismo que él hace décadas, especialmente en estos días".

Muchos mexicanos creen que se está produciendo una transformación y confían en la promesa casi diaria de López Obrador de que logrará avances significativos contra la corrupción y la impunidad.

Se alegraron cuando abandonó el palacio presidencial, el avión y la caravana. Vuela comercialmente y aprecian que es conectado al pueblo, tiene buen humor y todas las mañanas a las 7 a.m. domina las radiodifusoras con sus conferencias de prensa.

Les gusta que él interrumpa el status quo y persiga a los ricos y poderosos en nombre de la "gente".

Cuando lanzó un asalto militar a las pandillas de robo de combustible del país, la medida pareció apresurada y provocó una escasez de gasolina en toda la república, pero su popularidad se disparó.

Y quizás lo más importante, muchos creen que AMLO hará de México una nación más justa e igualitaria. En un país donde los ricos son pocos pero potentes, esa es una promesa poderosa.

"México tiene muy poca movilidad social", señaló Bravo Regidor. “Si naces pobre lo más probable es que mueras pobre, los niños pobres están prácticamente condenados desde el nacimiento".

En las últimas semanas, en docenas de entrevistas, tales opiniones resonaron entre los guanajuatenses, en la llamada región del Bajío, conocida como el Corazón de México.

Irónicamente, Guanajuato es el único estado que el partido MORENA de AMLO perdió en las elecciones. Aún así, en las ciudades de aquí en San Diego de las Trasquilas, fuera de San José Iturbide, Pozos, San Luis de la Paz, Doctor Mora y San Miguel de Allende, todos con fuertes vínculos con Dallas, muchos expresaron un mayor interés en quedarse en México que salir.

Pedro Vizcaya Tonalá pasó 10 años, desde 1998 hasta 2008, en Dallas, hasta que fue deportado. Estaba ganando cuatro veces más de lo que gana ahora como técnico en México en una empresa aeroespacial. En Texas, vivía en un apartamento con otros cuatro hombres cerca de Oak Cliff, donde trabajaba como lavaplatos y ayudante de camarero, jardinero y techador.

"Definitivamente volvería a trabajar en los Estados Unidos", aseguró. “Pero solo de forma temporal, contractual, ya hay mucho trabajo aquí, ya no te mueres de hambre. El dinero es obviamente mejor en Dallas, pero este es mi hogar y tengo esperanzas".

De su tiempo en Dallas, comentó: “Llegué a la mayoría de edad en Dallas, pero Estados Unidos es un país ingrato. En México siento que estamos construyendo algo mejor juntos".

Su colega, Ana Campuzano, de 22 años, nunca ha considerado migrar a los EE. UU. A veces, dijo, los miembros de la familia, incluido su padre, se vuelven nostálgicos cuando ven películas que muestran ciudades en las que alguna vez trabajaron, como Chicago y Dallas.

"Me gustaría ver Six Flags en Texas, tal vez ir de compras, ver edificios de cerca que mi padre ayudó a construir, pero no quiero trabajar allí", destacó. “Me gusta hacia donde se dirige México bajo AMLO. Él se preocupa y se conecta con nosotros, la gente".

La popularidad de López Obrador viene en medio de algunos contratiempos. En las últimas semanas, la violencia contra las drogas se ha desatado en varias regiones, particularmente a lo largo de la frontera entre Texas y México. Las principales agencias de calificación crediticia, incluidas Standard & Poor's y Fitch, emitieron advertencias sobre la deuda soberana de México y, pese a la insistencia de López Obrador de que la economía crecerá a un 4 por ciento anual, el crecimiento es anémico y se prevé que sea tan bajo como el 1.5 por ciento por parte de algunos economistas.

Algunos inversionistas, incluso en el área de Dallas-Fort Worth, están nerviosos.

"La economía mexicana es lenta, pero la base es sólida", reveló Pia Orrenius, economista laboral y vicepresidenta de la Reserva Federal de Dallas, durante una entrevista el mes pasado. "Dicho esto, hay mucha incertidumbre y eso es malo para la inversión empresarial".

Alberto de la Peña, un abogado de Haynes and Boone, un bufete de abogados corporativo con una cartera que incluye a los mejores clientes con inversiones en México, agregó: “La actitud en el norte de Texas es de precaución, no de falta de interés. Es una actitud preventiva, de esperar y ver".

Algunos economistas y líderes empresariales, incluso en el norte de Texas, también están nerviosos ya que necesitan trabajadores.

"La escasez laboral se está desarrollando en los EE. UU., especialmente entre los trabajadores de baja y media calificación", recalcó Orrenius. "La dificultad de contratación impacta el crecimiento económico y aumenta los costos laborales. Algunos proyectos de inversión no son viables a costos más altos", continuó. "El crecimiento de la fuerza laboral en los Estados Unidos continuará desacelerándose durante los próximos 10 años".

"En el pasado, la inmigración de México representaba gran parte del crecimiento de la mano de obra de baja y media calificación en el estado", relató. "En Texas, nos han echado a perder debido a la constante migración, esto puede estar cambiando, esa inmigración se ha secado en su mayoría. La migración a través de la frontera suroeste es ahora predominantemente centroamericana, muchas de ellas mujeres y niños que buscan asilo".

Entonces, ¿qué viene después?

"La migración mexicana al norte sigue disminuyendo, incluso con una economía fuerte en los Estados Unidos, pero la migración de América Central, Asia y África ha aumentado, y estas serán probablemente las nuevas fuentes de inmigrantes en los Estados Unidos", explicó Andrew Selee, presidente del Instituto de Migración con sede en Washington.

"En general, casi la mitad de todos los inmigrantes recientes tienen un título universitario, algo que es particularmente cierto en el caso de los inmigrantes de Asia, África y América del Sur, aunque menos cierto para los que vienen de América Central", comparó. "Los inmigrantes mexicanos recientes también están mucho mejor educados que hace solo una década".

El viaje por los pueblos de Guanajuato continuó en medio de un mar de nuevas construcciones. En una gasolinera, el encargado, Camilo Loya, quien una vez trabajó en Chicago, ofreció una sólida recomendación sobre dónde encontrar migrantes que se dirigían al norte. "Conduce más cerca de las vías del tren", recomendó.

"Hemos pasado la batuta a los centroamericanos", dijo con una sonrisa irónica.

Allí, a una hora de distancia, en una calle concurrida, se encontraba Jonathan David Cárdenas, de 32 años, con su hijo de 8 meses y su esposa, pidiendo ayuda a los automovilistas. Formaban parte de una caravana que se originó en San Pedro Sula, Honduras, y se dirigían a Houston.

¿Por qué?

“Porque buscamos el sueño americano” concluyó Cárdenas.

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