JUJUY, Argentina — La Casa Blanca se está preparando para la

probable derrota electoral del gobierno conservador pro-estadounidense de

Argentina, el ejemplo más reciente de cómo la cambiante política

latinoamericana está complicando la agenda del presidente Donald Trump en la

región, incluida la expulsión del presidente izquierdista de Venezuela, Nicolás

Maduro, y la represión de la avalancha de refugiados hacia Estados Unidos.

La disminución de socios para Trump se deriva de su

preferencia por y su dependencia de los líderes de derecha en América Latina justo

cuando caen cada vez más en desgracia entre los votantes en medio de

investigaciones de corrupción y resurge la violencia de las guerrillas.

La crisis inminente más inmediata se da aquí en Argentina.

El presidente Mauricio Macri, quien ha tenido vínculos comerciales con los

Trump durante décadas, enfrenta una batalla de reelección cuesta arriba en las

votaciones del próximo mes. Ya terminó 14 puntos detrás de su principal retador,

Alberto Fernández, un populista pro-izquierdista, en las elecciones primarias

del 11 de agosto.

Macri ha presidido un gobierno conservador y favorable al

mercado que marcó un alejamiento de su predecesora, Cristina Fernández de

Kirchner, quien tuvo una relación antagónica con Washington. Ella es ahora la

candidata a la vicepresidencia en la boleta de Alberto Fernández. (Los dos

Fernández no están emparentados).

Durante el mandato de Macri, él se convirtió en un favorito

de la administración de Trump y de los inversores globales. Argentina recibió

el mayor préstamo del Fondo Monetario Internacional de la historia; organizó la

cumbre del Grupo de los 20 del año pasado y otras conferencias internacionales

de alto nivel, y fue un socio de primera línea en la alianza regional de la

administración de Trump para reemplazar al gobierno de Maduro con las fuerzas

de oposición venezolanas.

Públicamente, los funcionarios de la administración dijeron

que la probabilidad de una derrota de Macri sigue siendo una cuestión de

especulación. En privado, varios aseveraron que había pocas posibilidades de

que lograra una victoria y que estaban confiando en que Fernández elija el

pragmatismo sobre la ideología.

Con la expectativa de la derrota de Macri, el peso argentino

se derrumbó, el capital está huyendo, la inflación está subiendo y la economía

va en caída libre, con un crecimiento anual inferior al uno por ciento.

En un indicio de las tensiones por venir, al mismo tiempo en

que la asesora presidencial Ivanka Trump y el subsecretario de Estado, John

Sullivan, llegaban aquí al norte de Argentina la semana pasada, ofreciendo

millones de dólares en nuevos préstamos, Fernández estaba en otro lugar,

quejándose de la mano dura de Estados Unidos en América Latina y el control que

Washington ejerce sobre Argentina.

"No es que quiera una mala relación con Estados Unidos,

sino una más madura", recalcó. Las demandas y condiciones de EU, agregó,

están obstaculizando el crecimiento y la recuperación de Argentina.

Los funcionarios de la administración están particularmente

preocupados de que un gobierno de Fernández reduzca su papel en el Grupo de

Lima, una coalición de 14 países del hemisferio occidental que trabajan para poner

fin pacíficamente a la crisis en Venezuela.

La influencia del grupo ya se debilitó sustancialmente cuando

México, después de la toma de posesión en diciembre del presidente izquierdista

Andrés Manuel López Obrador, renunció a su papel de liderazgo y asumió una

posición más pasiva. López Obrador, contrario a su predecesor, se opone a la

intervención mexicana en los asuntos internos de otros países.

"Aunque (Fernández) podría resultar ser relativamente

moderado en cuestiones económicas, sin duda meterá freno a la política sobre Venezuela",

dijo Benjamín Gedan, quien dirige el proyecto de Argentina en el Wilson Center,

un grupo de análisis no partidista en Washington. "Si la oposición

argentina ganara, la Casa Blanca perdería un aliado crítico, ya que las

autoridades de Buenos Aires darían prioridad al diálogo con Maduro por encima del

aislamiento diplomático y las sanciones".

Perder tanto a México como a Argentina sería un duro golpe

para la Casa Blanca, indicó Gedan. En su apogeo, el Grupo de Lima representó

una rara unidad en la región contra Maduro, pero eso ha disminuido.

La política de los Estados Unidos hacia América Latina durante

varias administraciones ha sido vista con frecuencia como una de negligencia o de

apoyo selectivo, especialmente a medida que las democracias de la región que

surgieron tras años de dictadura militar se desplazaban hacia la izquierda,

luego hacia la derecha y de regreso.

El enfoque de Trump ha agregado gestos ostentosos: una

relación transaccional cuando hay algo qué ganar para su administración, y la

intimidación directa para impulsar internamente sus demandas, como la amenaza

de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas hacia EU O reducir la ayuda

extranjera a los países centroamericanos.

El problema para Trump es que muchos de esos gobiernos que,

por cualquier razón, han sido de gran apoyo, ahora se encuentran en peligro

político.

"Muchos de estos líderes (de derecha) no han enfocado

sus energías lo suficiente en la formación de coaliciones y del apoyo público

para una agenda política conservadora", explicó Andrés Martínez-Fernández,

investigador asociado sénior en América Latina, en un análisis para el American

Enterprise Institute, un grupo de análisis conservador en Washington.

Otra complicación para estos líderes es el hecho de que

Trump es totalmente impopular entre los ciudadanos de esos países.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, un ex legislador grandilocuente

de extrema derecha y pro-militar, ha sido un gran defensor de Trump, quien a su

vez apoya al líder a veces llamado el “Trump del Trópico”. Bolsonaro prometió

ayuda con Venezuela y construir una relación cercana con Washington después de

años de liderazgo izquierdista.

Pero apenas nueve meses después de su mandato, Bolsonaro ha

enojado a gran parte del resto del mundo por su manejo de incendios feroces que

arrasan con vastos bosques tropicales amazónicos. Rechazó la asistencia

extranjera, citando la "soberanía" nacional y puso fin a las

protecciones ambientales del territorio, lo que provocó una devastación

desenfrenada, aseguran expertos brasileños.

Iván Duque, el presidente de Colombia, es otro líder cuya

relación con la administración Trump se ha vuelto más cálida desde que asumió

el cargo. Duque también es un hombre clave en la lucha contra Maduro. Sullivan

e Ivanka Trump, que estaban en un viaje por tres naciones sudamericanas,

también hicieron escala en Bogotá, donde Duque fue su anfitrión en una lujosa

cena en el palacio presidencial. Ambos estadounidenses le prodigaron a Duque elogios

de admiración.

Al mismo tiempo, estaba recibiendo fuertes críticas de las

Naciones Unidas y otros por lo que dijeron que era su sabotaje al histórico

acuerdo de paz de 2016 que puso fin a décadas de guerra con los guerrilleros izquierdistas.

Duque, quien se opone a partes del acuerdo, ha subfinanciado muchas de sus

disposiciones que incorporarían a los ex rebeldes a la sociedad, dicen los

críticos, presionando a algunos para que anuncien un regreso al conflicto

armado. La semana pasada, Duque argumentó que enfrentaría tal rebelión con

"toda la fuerza".

La ONU contestó que la respuesta "beligerante" de

Duque a los rebeldes resurgentes tendría "consecuencias muy

negativas" en la nación aún traumatizada.

Las políticas de Trump hacia América Central han sido

especialmente complicadas, ya que en gran medida están formadas por su deseo de

detener la migración desde la región problemática hacia los Estados Unidos.

Sus presidentes más leales son Jimmy Morales de Guatemala y

Juan Orlando Hernández de Honduras. Los dos estaban entre un puñado de líderes

mundiales que votaron con Estados Unidos en la ONU a favor de reconocer a

Jerusalén como la capital de Israel. Ambos han dicho que seguirán el ejemplo de

Trump y trasladarán sus embajadas de Tel Aviv a la disputada ciudad sagrada.

A cambio, la administración permaneció en silencio mientras

Morales desmantelaba efectivamente una agencia anticorrupción de gran

prestigio, elogiada en todo el mundo incluyendo por gobiernos estadounidenses

anteriores, antes de que pudiera investigar a Morales.

Hernández

ha sido cordialmente recibido en la Casa Blanca, entre los republicanos en el

Congreso y en otros círculos conservadores. Fue nombrado a principios de este

año en un caso de la corte federal como coconspirador en una vasta y violenta

operación de narcotráfico presuntamente dirigida por su hermano, y acusado de

usar 1.5 millones de dólares en ganancias de la cocaína para financiar su

campaña presidencial. Hernández ha negado los cargos.

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(c)2019 Los Angeles Times

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